No me había dado cuenta de que se encontraba allí. Cuando vio que la habíamos descubierto se acercó con nosotros, mientras una sonrisa de suficiencia se veía en su rostro. Cuando llegó a donde estábamos se abrazó a la cintura de Daniele y le dio un beso en la mejilla. Me quedé petrificada. Me quedé mirando a Daniele mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Marc me abrazó y yo me agarré a él, porque sentía que me iba a caer. Me temblaban las piernas. Me sentía sucia y utilizada.
- ¿Qué te pasa, cielo, te encuentras mal? -Me preguntó Elisabeth con cierto tono de sarcasmo. Yo la miré, pero no contesté. No sabía que decirle. Era la segunda vez que resultaba herida de esta manera, y las dos veces por su culpa.
- ¡Déjala en paz, Lizzie! -le contestó Marc- Ella no te ha hecho nada, ya te dije que nos olvidaras y nos dejaras seguir con nuestras vidas.
- Ya veo -contestó mientras reía-, ella te estaba esperando con los brazos abiertos, ¿no? -Noté que Marc se tensaba a mi lado. Escuchaba todo lo que decían, pero era incapaz de reaccionar.
- Sí, eso debo agradecértelo a ti. Por tu culpa, ahora ella no quiere estar conmigo.
- ¿Mi culpa? No sé que tengo que ver yo en todo esto -cuando dijo esto puso cara de niña buena que no había roto un plato en su vida. No sé porqué, pero me dieron ganas de abofetearla.
- Sí, por lo que me dijiste aquella mañana en el bosque tuve que huir y dejarla sola. Ahora cree que me fui contigo, cuando en realidad lo que hacía era alejarme de ti -me quedé helada cuando oí esto. ¿De verdad Marc no estuvo con ella? ¿Sólo escapaba de ella? ¿Qué le dijo ese día que nos la cruzamos?
- Sólo te dije la verdad, amor. Tú obligación y deber es estar conmigo, porque yo fui quien te transformó. Estamos destinados a estar juntos -mi corazón se rompió cuando oí esas palabras. Su destino. No podía ser cierto, Marc y yo debíamos estar juntos, ella lo había estropeado todo.
- ¿Qué estás diciendo Lizzie? -contestó Daniele- Entonces, ¿qué es lo que soy yo para ti?
- No te apures, vida, hay Elisabeth suficiente para los dos -contestó ella riendo socarronamente- Sería incapaz de dejaros, tanto a uno como a otro.
- ¡Dime que no es cierto! ¿Y todas aquellas promesas de que estaríamos siempre juntos tú y yo? -Daniele se estaba enojando al ver que clase de tipa era Elisabeth. Yo también me quedé impresionada con sus palabras. Sería incapaz de estar con dos personas a la vez…
- ¡Nada cambiará, cariño! Sólo que ahora estaremos tú, yo y Marc. ¿No sería ideal?
Daniele miró a Marc con odio. Este me puso de nuevo atrás suyo y yo me asomé para ver que era lo que pasaba. Estaba como loco. Se puso a rugirle a Marc, mientras Elisabeth sonreía al ver la reacción de sus palabras.
- ¿Con que quieres quitarme a mi chica? No sabes de lo que soy capaz. Te voy a hacer sufrir de la misma manera que me estás haciendo sufrir a mí.
- Tranquilo, amigo. Por mí te la puedes quedar toda. Yo no la quiero para nada. -Marc le contestó mientras me miraba de reojo para ver como me encontraba. No pude evitar sonreírle. Por un momento llegué a pensar que de verdad él me amaba. Debería hablar con él más tarde y dejarle que me explicara… - No tenemos ningún deber ni obligación. Me encontré con uno de los nuestros durante mi huída, y le pregunté sobre eso. Se te olvidó mencionarme un pequeño detalle.
Elisabeth se puso blanca al oír esas palabras. Pareció pensar que Marc nunca averiguaría eso o que no se esperaba que el lo supiese. Yo le miraba esperando obtener una respuesta. Daniele también le miraba expectante.
- Sí, “amor” -le dijo Marc con ironía- Se te olvidó comentarme que, para estar destinados, cuando yo me transformase, tenía que beber de tu sangre. Entonces crearíamos un vínculo especial que duraría por toda la eternidad.
Ella le miró con asco y su suave expresión se transformó en otra totalmente distinta, llena de ira. No sé qué pasó después, sólo recuerdo que de pronto estaba en los brazos de Marc y el corría, veloz. Miré hacía atrás, y observé que Elisabeth y Daniele nos perseguían. Puede que no consiguiera tener esa charla con Marc… dudé que saliésemos con vida de esta situación.
No se como pudimos ni lo que hicimos pero me encontré en mi casa todavía en los brazos de Marc, me dejo en el salón y se fue corriendo a mi cuarto, volviendo aparecer con mi maleta ¿que pretendía hacer? ¿Sacarme del país?
-¿Qué haces Marc con mi maleta?- dije levantándome bruscamente del sofá.
-No pienso dejarte aquí sola, debemos irnos, por tu seguridad mas que nada, que me hagan a mi lo que quieran, pero que Lizzie ni te toque-dijo mirándome con dolor- te amo demasiado como para que sufras.
-Marc no podemos huir, nos seguirán a donde vayamos-dije notando lagrimas en los ojos- además yo no tengo ningún sitio a donde ir, no pertenezco a ningún lado ya.
Mis lágrimas empezaron a salir sin poder controlarlas, notando los brazos de Marc rodeándome cariñosamente, le había echado tanto de menos...
Nos dirigíamos a Windsor, Marc no me dijo porque ese sitio, ya que sabrían que nos habríamos ido allí y seguiríamos siendo dos, bueno en realidad uno, yo contra dos vampiros no tenia nada que hacer, eso hizo que me estremeciera y notara cada vez mas nervios en mí, haciéndome poner histérica.
-Marc en Windsor nos encontraran con mas facilidad-dije temblando de miedo y llena de histeria-¿porque no elegiste otro destino?
-Charlotte, te voy a pedir una cosa y debes hacerme caso por favor-me miro agarrando mis manos dulcemente- enciérrate en casa y no salgas, ahí nadie podrá hacerte daño.
-¿Como que no podrán hacerme daño? ¿Estas hablando enserio?-le mire con asombro y sin dejar de temblar-es una casa, pueden tirar la puerta o romper una ventana.
-Ellos no podrán entrar en tu casa si nadie de los que reside allí les invita-sonrío-me lo dijo uno de los míos, cuando me aleje de Lizzie, pero debes de tener mucho cuidado de no invitarles, por favor.
-Pero Marc no puedo estar toda mi vida en casa encerrada-dije entre sollozos-algún día tendré que salir para algo y ahí me cogerán.
-No voy a dejar que nadie te haga daño, te lo prometo-me miro con angustia-acabare con ellos antes de que te toquen. Ahora descansa mi amor.
Me apoye en su brazo, mientras nuestro vuelo nos llevaba a Windsor, me quede dormida abrazada a Marc, no quería soltarle nunca mas…
miércoles, 10 de febrero de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
Capítulo 17: MENTIRAS
No me esperaba sentir los labios de Daniele en los míos, muy amablemente me acompaño a mi casa, dándome un dulce beso, le vi marcharse, alejarse de mi lado y mi miedo y tristeza volvieron a mi, apoderándose de mis pocas fuerzas, subí las escaleras entre sollozos, me tumbe en mi cama dejando que todas mis enfurecidas lagrimas salieran, no pegue ojo en toda la noche, pensando en los momentos tan bonitos y mágicos que había vivido al lado de Marc; la relación que había mantenido con él había sido la mas larga e importante para mí; aunque sabia que para él solo había sido un juguete no podía dejar de amarle.
La felicidad que había sentido con él me había llenado única y enteramente, aunque el dolor que me había dejado detrás era el mas horrible y doloroso que todo mi cuerpo y alma habían sentido.
La noche paso lentamente, haciéndome cada instante más eterno que el anterior; vi en el reloj de la mesilla que eran las 8:00, me levante de la cama, poniéndome el chándal, dispuesta a dejar todos los horribles recuerdos y el dolor en la cama; salí por la puerta sin rumbo fijo poniéndome a correr; llegue hasta un parque enorme y precioso, lleno de flores con colores únicos, me fije en la hora, había estado corriendo una hora entera sin notar cansancio, cosa rara ya que en los últimos meses no me había alimentado nada bien; me senté en un banco cerrando los ojos, relajando todo mi cuerpo, cuando note que alguien se sentaba a mí lado; abrí los ojos de golpe y mi sorpresa fue encontrarme a Marc a mí lado, sus ojos mostraban un gran dolor, se le veía muy desmejorado, eso hizo que mi corazón diera un vuelco enorme.
-¿Qué haces tu aquí?-pregunte duramente-¿no te dije que te fueras y que no quería volver a verte?
-Lo siento, estaba paseando por el parque cuando te vi llegar-dijo con los ojos llorosos-no he podido evitar venir a verte.
-Yo no quiero verte-dije apartando mi mirada de la suya.
-Te dije que lucharía por tu perdón, aunque fuera lo ultimo que hiciera-dijo agarrando mi mano.
-Es demasiado tarde Marc-aparte mi mano de la suya-estoy con alguien, intentando rehacer mi vida.
-¿Cómo que estas con alguien?-dijo casi sin aliento- eso no puede ser, nadie te amara como te amo yo.
-Daniele es un encanto-dije intentando parecer animada-además que te quede claro, tú no eres el ombligo del mundo.
Me levante del banco dejando a Marc todavía allí sentado, note un gran impulso de volver mi cabeza y mirarle por ultima vez, pero resistí, siguiendo hacia delante sin detener mi paso, no sabia porque le había dicho nada de Daniele.
Cuando caminé un par de metros me llamaron por mi nombre. Me giré sorprendida y encontré a Daniele, que me saludaba y venía hacía mí. Me detuve y le sonreí mientras esperaba. Entonces me tiraron del brazo llevándome hacía otro lugar, y vi que era Marc quién lo hacía. ¿Pero qué se creía éste? Intenté soltarme, pero no pude, apretó más su agarre haciéndome un poco de daño.
- ¡Marc, suéltame! Me estás haciendo daño -le grité. Toda la gente que había allí se puso a mirarnos, por lo que Marc se detuvo, pero se puso frente a mí, impidiendo a Daniele acercarse, quien al verme así, aceleró al paso y nos alcanzó enseguida.
- ¿Qué haces aquí? -le dijo Marc a Daniele. Yo me quedé helada. ¿Acaso se conocían?
- Nada que a ti te importe, amiguito. Tu me quitaste a Elisabeth, lo menos que puedo hacer yo es pagarte con la misma moneda -Elisabeth… Elisabeth… ¿dónde había oído yo ese nombre?- Ella me dejó por ti. No eres quién para echarme nada en cara.
- ¡Entre Elisabeth y yo no pasó nada! -gritó Marc, entonces caí. Elisabeth era la chica vampiro que nos encontramos en el bosque. ¿También conocía a Daniele?- Ella se montó una fantasía de los dos en su cabeza, pero nada sucedió.
- ¡Me da igual! Sólo sé el daño que me causaste. Y entonces conocí a Charlotte. Ella volvió a alegrarme la vida -Daniele me sonreía mientras decía esto, pero era una sonrisa extraña. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. No sabía si irme o quedarme a ver como acababa esto.
- Charlotte es mía, ¿me oyes? ¡Mía! No pienso dejar que la utilices en tus jueguecitos -¿De qué estaba hablando Marc? No hacía más que mirar a uno y a otro, intentando aclarar algo…
- A ver, chicos, ya está bien. ¿Queréis explicarme de qué va esto? Marc, te dije que me olvidaras, así que no se te ocurra volver a decir que soy tuya, ¿vale? -avancé, quitándome de detrás de Marc y avancé hasta Daniele- y tú Daniele… me tienes confundida. ¿Por qué no me dijiste que conocías a Marc cuando te hablé de él?
- No sabía que era el mismo Marc, cielo -avanzó hacía mí y cogió mis manos.
- Claro, total, ¿cuántos Marcs hay en Windsor que se ajusten a su descripción? Seguro que en cada casa tienen uno de serie -le respondí con sarcasmo. Estaba empezando a enfadarme. ¿Por qué me había ocultado algo así? Ahora no sabía si confiar en él, por si me estaba utilizando o lo hacía por despecho por lo que le había hecho Elisabeth con Marc.
- No cielo, pero sabía cuanto te dolía hablar de él, y lo que menos quería era volver a hacerte pasar por aquello. Sé cuanto sufriste, porque yo pasé por lo mismo. Déjame ayudarte a olvidar. Déjame quedarme a tu lado… -Me abrazó y yo me quedé quieta. La verdad es que no sabía que pensar. Estaba todavía decidiendo cuando noté un empujón y como Daniele se alejaba.
- ¡Suéltala maldita garrapata! Te he dicho que no te acerques a ella. -Marc me tenía sujeta por los brazos, mientras tenía la cabeza girada hacía Daniele. Yo lo miré petrificada. Su hermoso rostro estaba transformado por la ira. Estaba tan asustada que no me atreví a moverme, por temor a que me hiciera algo. Marc debió de notarlo, porque me miró, relajó su cara y se me acercó lentamente- No te asustes de mí. Te prometí hace tiempo que nunca te haría daño.
- ¿Qué nunca me harías daño? Ya me lo hiciste Marc, y duele mucho más que un cardenal por apretarme un brazo. Nunca te imaginarás por todo lo que he pasado. Y deja también a Daniele. Ya soy mayorcita, ¿sabes? Puedo cuidar de mí perfectamente.
- Lo dudo. Creo que la idea de Daniele está muy alejada de hacerte feliz…
- ¿Qué es lo que has dicho? ¿Cómo estás tan seguro de ello? -le contestó Daniele. Yo estaba en verdad preocupada por él, si Marc quería hacerle daño, no podría detenerle.- lo único que yo quiero es que Charlotte te olvide y podamos empezar una relación juntos, dejando todo el dolor atrás.
- Pues algo me da a mí que todo lo que dices es una sarta de mentiras. -Marc parecía tenso, pero a la vez, tenía una sonrisita de suficiencia, como si supiese algo que los demás no. Como si hubiera pillado a Daniele en una trampa.
- ¡Ah, sí! ¿Qué te hace pensar eso? -volvió a contestarle Daniele. Me miraba preocupado, porque yo seguía todavía en brazos de Marc y no me había movido ni un centímetro.
- Pues… que Elisabeth está escondida ahí detrás. Parece que está esperando algo porque nos mira expectante. Y te puedo asegurar que yo no la invité…
La felicidad que había sentido con él me había llenado única y enteramente, aunque el dolor que me había dejado detrás era el mas horrible y doloroso que todo mi cuerpo y alma habían sentido.
La noche paso lentamente, haciéndome cada instante más eterno que el anterior; vi en el reloj de la mesilla que eran las 8:00, me levante de la cama, poniéndome el chándal, dispuesta a dejar todos los horribles recuerdos y el dolor en la cama; salí por la puerta sin rumbo fijo poniéndome a correr; llegue hasta un parque enorme y precioso, lleno de flores con colores únicos, me fije en la hora, había estado corriendo una hora entera sin notar cansancio, cosa rara ya que en los últimos meses no me había alimentado nada bien; me senté en un banco cerrando los ojos, relajando todo mi cuerpo, cuando note que alguien se sentaba a mí lado; abrí los ojos de golpe y mi sorpresa fue encontrarme a Marc a mí lado, sus ojos mostraban un gran dolor, se le veía muy desmejorado, eso hizo que mi corazón diera un vuelco enorme.
-¿Qué haces tu aquí?-pregunte duramente-¿no te dije que te fueras y que no quería volver a verte?
-Lo siento, estaba paseando por el parque cuando te vi llegar-dijo con los ojos llorosos-no he podido evitar venir a verte.
-Yo no quiero verte-dije apartando mi mirada de la suya.
-Te dije que lucharía por tu perdón, aunque fuera lo ultimo que hiciera-dijo agarrando mi mano.
-Es demasiado tarde Marc-aparte mi mano de la suya-estoy con alguien, intentando rehacer mi vida.
-¿Cómo que estas con alguien?-dijo casi sin aliento- eso no puede ser, nadie te amara como te amo yo.
-Daniele es un encanto-dije intentando parecer animada-además que te quede claro, tú no eres el ombligo del mundo.
Me levante del banco dejando a Marc todavía allí sentado, note un gran impulso de volver mi cabeza y mirarle por ultima vez, pero resistí, siguiendo hacia delante sin detener mi paso, no sabia porque le había dicho nada de Daniele.
Cuando caminé un par de metros me llamaron por mi nombre. Me giré sorprendida y encontré a Daniele, que me saludaba y venía hacía mí. Me detuve y le sonreí mientras esperaba. Entonces me tiraron del brazo llevándome hacía otro lugar, y vi que era Marc quién lo hacía. ¿Pero qué se creía éste? Intenté soltarme, pero no pude, apretó más su agarre haciéndome un poco de daño.
- ¡Marc, suéltame! Me estás haciendo daño -le grité. Toda la gente que había allí se puso a mirarnos, por lo que Marc se detuvo, pero se puso frente a mí, impidiendo a Daniele acercarse, quien al verme así, aceleró al paso y nos alcanzó enseguida.
- ¿Qué haces aquí? -le dijo Marc a Daniele. Yo me quedé helada. ¿Acaso se conocían?
- Nada que a ti te importe, amiguito. Tu me quitaste a Elisabeth, lo menos que puedo hacer yo es pagarte con la misma moneda -Elisabeth… Elisabeth… ¿dónde había oído yo ese nombre?- Ella me dejó por ti. No eres quién para echarme nada en cara.
- ¡Entre Elisabeth y yo no pasó nada! -gritó Marc, entonces caí. Elisabeth era la chica vampiro que nos encontramos en el bosque. ¿También conocía a Daniele?- Ella se montó una fantasía de los dos en su cabeza, pero nada sucedió.
- ¡Me da igual! Sólo sé el daño que me causaste. Y entonces conocí a Charlotte. Ella volvió a alegrarme la vida -Daniele me sonreía mientras decía esto, pero era una sonrisa extraña. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. No sabía si irme o quedarme a ver como acababa esto.
- Charlotte es mía, ¿me oyes? ¡Mía! No pienso dejar que la utilices en tus jueguecitos -¿De qué estaba hablando Marc? No hacía más que mirar a uno y a otro, intentando aclarar algo…
- A ver, chicos, ya está bien. ¿Queréis explicarme de qué va esto? Marc, te dije que me olvidaras, así que no se te ocurra volver a decir que soy tuya, ¿vale? -avancé, quitándome de detrás de Marc y avancé hasta Daniele- y tú Daniele… me tienes confundida. ¿Por qué no me dijiste que conocías a Marc cuando te hablé de él?
- No sabía que era el mismo Marc, cielo -avanzó hacía mí y cogió mis manos.
- Claro, total, ¿cuántos Marcs hay en Windsor que se ajusten a su descripción? Seguro que en cada casa tienen uno de serie -le respondí con sarcasmo. Estaba empezando a enfadarme. ¿Por qué me había ocultado algo así? Ahora no sabía si confiar en él, por si me estaba utilizando o lo hacía por despecho por lo que le había hecho Elisabeth con Marc.
- No cielo, pero sabía cuanto te dolía hablar de él, y lo que menos quería era volver a hacerte pasar por aquello. Sé cuanto sufriste, porque yo pasé por lo mismo. Déjame ayudarte a olvidar. Déjame quedarme a tu lado… -Me abrazó y yo me quedé quieta. La verdad es que no sabía que pensar. Estaba todavía decidiendo cuando noté un empujón y como Daniele se alejaba.
- ¡Suéltala maldita garrapata! Te he dicho que no te acerques a ella. -Marc me tenía sujeta por los brazos, mientras tenía la cabeza girada hacía Daniele. Yo lo miré petrificada. Su hermoso rostro estaba transformado por la ira. Estaba tan asustada que no me atreví a moverme, por temor a que me hiciera algo. Marc debió de notarlo, porque me miró, relajó su cara y se me acercó lentamente- No te asustes de mí. Te prometí hace tiempo que nunca te haría daño.
- ¿Qué nunca me harías daño? Ya me lo hiciste Marc, y duele mucho más que un cardenal por apretarme un brazo. Nunca te imaginarás por todo lo que he pasado. Y deja también a Daniele. Ya soy mayorcita, ¿sabes? Puedo cuidar de mí perfectamente.
- Lo dudo. Creo que la idea de Daniele está muy alejada de hacerte feliz…
- ¿Qué es lo que has dicho? ¿Cómo estás tan seguro de ello? -le contestó Daniele. Yo estaba en verdad preocupada por él, si Marc quería hacerle daño, no podría detenerle.- lo único que yo quiero es que Charlotte te olvide y podamos empezar una relación juntos, dejando todo el dolor atrás.
- Pues algo me da a mí que todo lo que dices es una sarta de mentiras. -Marc parecía tenso, pero a la vez, tenía una sonrisita de suficiencia, como si supiese algo que los demás no. Como si hubiera pillado a Daniele en una trampa.
- ¡Ah, sí! ¿Qué te hace pensar eso? -volvió a contestarle Daniele. Me miraba preocupado, porque yo seguía todavía en brazos de Marc y no me había movido ni un centímetro.
- Pues… que Elisabeth está escondida ahí detrás. Parece que está esperando algo porque nos mira expectante. Y te puedo asegurar que yo no la invité…
sábado, 6 de febrero de 2010
Capítulo 16: DOLOR
Nada más cerrar la puerta me vine abajo. Me dejé caer al suelo mientras comenzaba a sollozar. Ver a Marc de nuevo, que me dijese todo lo que me había dicho, no hizo más que abrir la herida que empezaba a cicatrizar. Empecé a gritar, intentando soltar mi frustración de algún modo. Entonces tocaron de nuevo a la puerta. Como pude me levanté, me limpié las lágrimas un poco y me decidí a abrir. Sabía que tendría una pinta horrorosa, con ojos rojos e hinchados, pero realmente me daba igual. Pensé que sería Sara, ya que era la única persona que me visitaba. Pero no. Era Marc de nuevo. Me quedé allí parada, sin saber qué hacer o qué decir. Él no hacía más que llorar. Entonces vino hacia mí, con los brazos abiertos y me acunó en su pecho. Comencé a llorar de nuevo, junto a él. No tuve fuerzas para apartarlo de nuevo.
- Perdóname Charlotte… De verás que lo siento. No quise haberte causado tanto dolor. Te he escuchado llorar desde el final del pasillo, y no sabía que hacer. Necesitaba venir y consolarte, a pesar de que me habías dicho que te dejara en paz.
- No puedo perdonarte Marc -le contesté entre sollozos-. Nunca pensé en sufrir tanto, ni siquiera con mis padres lo pasé tan mal. Por tu culpa me quedé sola en Windsor, tú te marchaste dejándome allí, y Emma y Peter no hablaban conmigo por culpa de vuestras diferencias. De verdad que no puedo. No soportaría que me volvieses a hacer lo mismo.
Nos quedamos allí en silencio, abrazados y soltando una lágrima tras otra. No pude evitar sentirme cómoda en sus brazos. Sentía que este era mi lugar, que encajaba en ellos perfectamente… Entonces recordé de nuevo a aquella mujer que nos encontramos en el bosque, y empecé a llorar más fuerte. Me aparté de los brazos de Marc mientras me daba una rabieta. Empecé a coger cosas de mi piso y a tirarlas, rompí figuras, platos… No había manera de quitar esta sensación de mi cuerpo, la de sentirme herida tanto en mi corazón como en mi orgullo. Me había usado como un juguete, me había desechado, dejándome hundida…
Marc me miraba confundido, no sabía que me había pasado, pero desde luego no se esperaba esa reacción de mí.
- ¡¿Se puede saber qué miras?! ¡Lárgate de aquí! ¿No te dije antes que me dejases en paz? Pues eso es lo que quiero que hagas -le grité y, a pesar de que me dolía tratarle así no podía evitarlo. Me sentía dolida y sobretodo humillada por lo que me había hecho. No pude aguantarlo más, así que le tiré un cojín a la cara y salí disparada a mi habitación. Me quedé allí horas encerrada, derramando lágrimas por mi dolor y frustración. Cuando conseguí calmarme salí hacia fuera y busqué por todo mi piso. Por fin me había hecho caso. Marc no estaba.
Me encontraba demasiado deprimida, incluso mas que la primera vez, la herida cada vez se hacia mas profunda destrozando mi corazón y dejándome el alma vacío; me di una ducha vagabundamente y me vestí con lagrimas cayendo todavía de mis ojos, no me apetecía salir de casa pero mi trabajo me obligaba asistir. Salí de casa con paso tranquilo y sin fuerzas, notaba como mis piernas temblaban, pero seguí andando hasta llegar al trabajo, mi sorpresa fue no ver a mi compañera Laura pero si a mi jefa, la cual no solía estar y nos dejaba encargada a nosotras dos de todo lo respectivo a la tienda, me dirigí hacia ella intentando simular una sonrisa para que no notara nada.
-Hola Señora Aller, no la esperaba-dije sinceramente.
-Hola Charlotte, estaba esperando a que llegases, te quería presentar a tu nuevo compañero, ya que Laura se fue de Madrid por asuntos personales-dijo sonriéndome- él es Daniele, es un chico italiano que ha venido a estudiar a España, espero que le ayudes en todo lo que necesite.
-Claro Señora Aller será todo un placer-dije mirando a mi nuevo compañero.
Mi jefa se marcho dejándome a cargo de mi nuevo compañero, le intente explicar todo lo necesario para poder hacer el trabajo que hacíamos Laura y yo juntas, él no dejaba de agradecerme que le ayudara tanto y que me estuviera portando tan bien con él; no me había fijado pero se veía guapísimo, además del acento italiano que le daba un toque sofisticado y elegante a la vez.
Un mes después
No había vuelto a ver Marc pero el saber que seguía por España, incluso por Madrid me debilitaba y me dejaba sin fuerzas, en el único sitio que no pensaba en él era en el trabajo, que cada vez me llevaba mejor con Daniele, era increíble, y algunas veces con Sara, porque otras se le escapaba algo referido a Windsor que hacia que mis pensamientos volaran directos a Marc. Daniele me sacaba siempre una sonrisa en el trabajo, era muy atento conmigo, le había contado que había sufrido mucho por amor y que por eso me encontraba en ese estado desde hace tanto tiempo, él me escuchaba y me apoyaba y cuando veía que mis ojos se llenaban de lagrimas me daba un abrazo que hacia que nada mas que ese instante me importara; acabábamos de cerrar la tienda y me marchaba a mi casa cuando me paro la voz de Daniele.
-Charlotte espera por favor-dijo gritando- tengo que contarte algo, no aguanto mas-dijo dedicándome una sonrisa.
Yo le devolví una sonrisa, esperando que empezara hablar, escuchándole lo que tuviera que contar, pero en vez de hablar sus labios se posaron sobre los míos, dándome un fugaz beso.
- Perdóname Charlotte… De verás que lo siento. No quise haberte causado tanto dolor. Te he escuchado llorar desde el final del pasillo, y no sabía que hacer. Necesitaba venir y consolarte, a pesar de que me habías dicho que te dejara en paz.
- No puedo perdonarte Marc -le contesté entre sollozos-. Nunca pensé en sufrir tanto, ni siquiera con mis padres lo pasé tan mal. Por tu culpa me quedé sola en Windsor, tú te marchaste dejándome allí, y Emma y Peter no hablaban conmigo por culpa de vuestras diferencias. De verdad que no puedo. No soportaría que me volvieses a hacer lo mismo.
Nos quedamos allí en silencio, abrazados y soltando una lágrima tras otra. No pude evitar sentirme cómoda en sus brazos. Sentía que este era mi lugar, que encajaba en ellos perfectamente… Entonces recordé de nuevo a aquella mujer que nos encontramos en el bosque, y empecé a llorar más fuerte. Me aparté de los brazos de Marc mientras me daba una rabieta. Empecé a coger cosas de mi piso y a tirarlas, rompí figuras, platos… No había manera de quitar esta sensación de mi cuerpo, la de sentirme herida tanto en mi corazón como en mi orgullo. Me había usado como un juguete, me había desechado, dejándome hundida…
Marc me miraba confundido, no sabía que me había pasado, pero desde luego no se esperaba esa reacción de mí.
- ¡¿Se puede saber qué miras?! ¡Lárgate de aquí! ¿No te dije antes que me dejases en paz? Pues eso es lo que quiero que hagas -le grité y, a pesar de que me dolía tratarle así no podía evitarlo. Me sentía dolida y sobretodo humillada por lo que me había hecho. No pude aguantarlo más, así que le tiré un cojín a la cara y salí disparada a mi habitación. Me quedé allí horas encerrada, derramando lágrimas por mi dolor y frustración. Cuando conseguí calmarme salí hacia fuera y busqué por todo mi piso. Por fin me había hecho caso. Marc no estaba.
Me encontraba demasiado deprimida, incluso mas que la primera vez, la herida cada vez se hacia mas profunda destrozando mi corazón y dejándome el alma vacío; me di una ducha vagabundamente y me vestí con lagrimas cayendo todavía de mis ojos, no me apetecía salir de casa pero mi trabajo me obligaba asistir. Salí de casa con paso tranquilo y sin fuerzas, notaba como mis piernas temblaban, pero seguí andando hasta llegar al trabajo, mi sorpresa fue no ver a mi compañera Laura pero si a mi jefa, la cual no solía estar y nos dejaba encargada a nosotras dos de todo lo respectivo a la tienda, me dirigí hacia ella intentando simular una sonrisa para que no notara nada.
-Hola Señora Aller, no la esperaba-dije sinceramente.
-Hola Charlotte, estaba esperando a que llegases, te quería presentar a tu nuevo compañero, ya que Laura se fue de Madrid por asuntos personales-dijo sonriéndome- él es Daniele, es un chico italiano que ha venido a estudiar a España, espero que le ayudes en todo lo que necesite.
-Claro Señora Aller será todo un placer-dije mirando a mi nuevo compañero.
Mi jefa se marcho dejándome a cargo de mi nuevo compañero, le intente explicar todo lo necesario para poder hacer el trabajo que hacíamos Laura y yo juntas, él no dejaba de agradecerme que le ayudara tanto y que me estuviera portando tan bien con él; no me había fijado pero se veía guapísimo, además del acento italiano que le daba un toque sofisticado y elegante a la vez.
Un mes después
No había vuelto a ver Marc pero el saber que seguía por España, incluso por Madrid me debilitaba y me dejaba sin fuerzas, en el único sitio que no pensaba en él era en el trabajo, que cada vez me llevaba mejor con Daniele, era increíble, y algunas veces con Sara, porque otras se le escapaba algo referido a Windsor que hacia que mis pensamientos volaran directos a Marc. Daniele me sacaba siempre una sonrisa en el trabajo, era muy atento conmigo, le había contado que había sufrido mucho por amor y que por eso me encontraba en ese estado desde hace tanto tiempo, él me escuchaba y me apoyaba y cuando veía que mis ojos se llenaban de lagrimas me daba un abrazo que hacia que nada mas que ese instante me importara; acabábamos de cerrar la tienda y me marchaba a mi casa cuando me paro la voz de Daniele.
-Charlotte espera por favor-dijo gritando- tengo que contarte algo, no aguanto mas-dijo dedicándome una sonrisa.
Yo le devolví una sonrisa, esperando que empezara hablar, escuchándole lo que tuviera que contar, pero en vez de hablar sus labios se posaron sobre los míos, dándome un fugaz beso.
viernes, 5 de febrero de 2010
Capítulo 15: ADIOS
Gracias a mis ahorros pude alquilarme un sitio en Madrid no era gran cosa pero lo suficiente para mi sola, avise a todas mis antiguas amigas de mi vuelta a España, solo una pareció entusiasmada con mi vuelta, las demás al echarse novio se olvidaron de la amistad, había quedado con Sara por la tarde por lo que me daría tiempo a deshacer la maleta, andaba entretenida guardando todo, cuando mi móvil se puso a sonar, mire la pantalla asombrada del nombre que veía, colgué a Marc la llamada; ahora se volvía acordar de mi, después de tanto tiempo sin recibir ni una llamada ni volver a saber de él, seguramente la vampira se habría cansado ya de él, y ahora que se veía abandonado se acordaba de nuevo de la tonta y pobre humana.
Llegue a mi cita con Sara, seguía igual que antes no había cambiado nada en estos últimos meses, me recibió con un fuerte y caluroso abrazo, haciendo que mis ojos se llenaran de lagrimas, saliendo furiosamente de mis ojos, la había extrañado y necesitado tanto….me sentía tan mal por haberla abandonado tanto cuando conocí a Marc y estuve viviendo en Windsor……..sonó mi móvil y volví a rechazar la llamada de nuevo volvía a ser Marc.
-¿No lo coges Charlotte? A lo mejor era importante-me dijo Sara con duda en su cara.
-No es importante es mi……nadie importante dejémoslo así-dije agachando la mirada.
-Reina te conozco y se que si es importante para ti, se te ve en la cara y ese brillo peculiar y extraño que tienen tus ojos al ver su llamada, a mi no me puedes engañar-me abrazo-pero cuando creas conveniente contármelo yo te escuchare.
No pude evitarlo me abalance sobre ella, abrazándola fuertemente, era increíble tener una persona tan magnifica y especial como amiga, que sabia como escucharte y sacarte siempre una sonrisa.
Pasaron los meses y seguí recibiendo llamadas de Marc y ninguna era contestada; con los que si que hablaba mas a menudo eran con mis abuelos, la verdad que les echaba de menos, esto de vivir sola no tenia ninguna ventaja, no lo llevaba tan bien como esperaba el trabajo en la tienda de ropa, me dejaba molida.
Estaba en mi cama con los ojos cerrados y notando como todo mi cuerpo se relajaba y me dormía cuando sonó el timbre, me levante vagabundamente de la cama por el cansancio, abriendo la puerta, mi sorpresa fue ver allí a… ¿Marc? ¿Que hacia en España? ¿Y en mi casa? ¿Como se había enterado de donde vivía?
- ¡Charlotte! -gritó Marc abrazándome- no sabía si estabas bien. No contestabas a mis llamadas y tus abuelos no querían decirme nada sobre ti. Te he extrañado tanto…
- ¿Se pude saber qué haces aquí? -le contesté en respuesta, soltándome de sus brazos. Miré a sus ojos y sólo vi en ellos dolor, pero no me dejé engatusar- ¿cómo te has enterado de dónde vivo?
- Yo… yo rondaba la casa de tus abuelos casi todos los días, esperando saber algo de ti. Un día escuché una conversación que tuviste con ellos por teléfono, y oí que estabas de nuevo es España, en Madrid para ser más concretos… y no lo pensé, vine a por ti, porque te echo de menos Charlotte, no puedo vivir sin ti.
- ¿Y ahora vienes sólo para decirme esto? -le contesté indignada. No podía creerlo, podía haberse dado cuenta antes y no haberme dejado sola mientras estuve en Windsor- ¿qué pasa, que tu amiguita te ha dejado y ahora te acuerdas de la pobre, aburrida e insulsa Charlotte? Pues te has equivocado de persona. No soy de las que dan segundas oportunidades. Me hiciste mucho daño Marc, no podría soportar que me hicieras lo mismo de nuevo -él me miró suplicante, tal vez no se esperaba esa reacción de mí, pero ¿qué otra cosa podía hacer?- Será mejor que te vayas Marc. Aquí no tienes nada que hacer.
- ¡Por favor, Charlotte, no me hagas esto! Elisabeth no ha sido nada para mí, mientras estaba con ella no podía dejar de pensar en ti. Te lo suplico, por favor, perdóname. -me cogió del brazo y cayó de rodillas al suelo mientras se echaba a llorar. Me conmovía el verlo sufrir así, pero yo lo había pasado muy mal, no iba a caer de nuevo en sus brazos sólo porque él apareciese así en mi vida de nuevo, diciéndome cuanto me había extrañado.
- Lo siento Marc, pero como te he dicho, no tienes nada que hacer aquí. Será mejor que te vayas.
El me miró, con sus ojos bañados en lágrimas. Tenía tantas ganas de abrazarlo, besarlo… pero no, nunca había sentido tanto dolor como cuando él me abandonó y aunque sabía que nunca amaría a nadie como a él, prefería estar sola a pasarme la vida pensando que me volvería a hacer lo mismo en cualquier momento.
Me mostré fría y distante para que entendiese que mis palabras iban en serio. Él se levantó, resignado, pero sin dejar de llorar, y se marchó. Yo me asomé por la puerta para verlo marcharse, pero él se giró de nuevo y me miró destrozado.
- Conseguiré que me perdones, Charlotte, aunque sea lo último que haga en esta vida. Sé que aún me quieres, lo noto en los latidos de tu corazón cuando me acerco a ti. Es como música para mis oídos. No cesaré en mi empeño hasta que vuelvas a ser mía y yo tuyo. Nadie podrá separarnos de nuevo. Te juro que lo haré Charlotte. Nadie me hace sentir como tú…
Me miró durante unos momentos más mientras yo me perdía en sus palabras. Reflejaban un dolor inmenso, casi tan mayor como el mío, y aunque no quería dejarlo ir, era lo mejor para los dos. Algún día se cansaría y me dejaría en paz. Ya estaba resignada…
- No quiero volver a verte, Marc. Será mejor que no te acerques de nuevo a mí. No quiero saber nada que tenga que ver contigo. Por eso me vine a España, para dejar todo lo que me recordase a ti atrás. Quiero que me dejes en paz.
Marc soltó un gritito desgarrador mientras comenzaba a sollozar, esta vez más fuerte. A mí cada vez me producía más dolor verlo así, pero no podía echarme atrás.
- Adiós, Marc… -fueron mis últimas palabras antes de cerrar la puerta, dejando al amor de mi vida al otro lado.
Llegue a mi cita con Sara, seguía igual que antes no había cambiado nada en estos últimos meses, me recibió con un fuerte y caluroso abrazo, haciendo que mis ojos se llenaran de lagrimas, saliendo furiosamente de mis ojos, la había extrañado y necesitado tanto….me sentía tan mal por haberla abandonado tanto cuando conocí a Marc y estuve viviendo en Windsor……..sonó mi móvil y volví a rechazar la llamada de nuevo volvía a ser Marc.
-¿No lo coges Charlotte? A lo mejor era importante-me dijo Sara con duda en su cara.
-No es importante es mi……nadie importante dejémoslo así-dije agachando la mirada.
-Reina te conozco y se que si es importante para ti, se te ve en la cara y ese brillo peculiar y extraño que tienen tus ojos al ver su llamada, a mi no me puedes engañar-me abrazo-pero cuando creas conveniente contármelo yo te escuchare.
No pude evitarlo me abalance sobre ella, abrazándola fuertemente, era increíble tener una persona tan magnifica y especial como amiga, que sabia como escucharte y sacarte siempre una sonrisa.
Pasaron los meses y seguí recibiendo llamadas de Marc y ninguna era contestada; con los que si que hablaba mas a menudo eran con mis abuelos, la verdad que les echaba de menos, esto de vivir sola no tenia ninguna ventaja, no lo llevaba tan bien como esperaba el trabajo en la tienda de ropa, me dejaba molida.
Estaba en mi cama con los ojos cerrados y notando como todo mi cuerpo se relajaba y me dormía cuando sonó el timbre, me levante vagabundamente de la cama por el cansancio, abriendo la puerta, mi sorpresa fue ver allí a… ¿Marc? ¿Que hacia en España? ¿Y en mi casa? ¿Como se había enterado de donde vivía?
- ¡Charlotte! -gritó Marc abrazándome- no sabía si estabas bien. No contestabas a mis llamadas y tus abuelos no querían decirme nada sobre ti. Te he extrañado tanto…
- ¿Se pude saber qué haces aquí? -le contesté en respuesta, soltándome de sus brazos. Miré a sus ojos y sólo vi en ellos dolor, pero no me dejé engatusar- ¿cómo te has enterado de dónde vivo?
- Yo… yo rondaba la casa de tus abuelos casi todos los días, esperando saber algo de ti. Un día escuché una conversación que tuviste con ellos por teléfono, y oí que estabas de nuevo es España, en Madrid para ser más concretos… y no lo pensé, vine a por ti, porque te echo de menos Charlotte, no puedo vivir sin ti.
- ¿Y ahora vienes sólo para decirme esto? -le contesté indignada. No podía creerlo, podía haberse dado cuenta antes y no haberme dejado sola mientras estuve en Windsor- ¿qué pasa, que tu amiguita te ha dejado y ahora te acuerdas de la pobre, aburrida e insulsa Charlotte? Pues te has equivocado de persona. No soy de las que dan segundas oportunidades. Me hiciste mucho daño Marc, no podría soportar que me hicieras lo mismo de nuevo -él me miró suplicante, tal vez no se esperaba esa reacción de mí, pero ¿qué otra cosa podía hacer?- Será mejor que te vayas Marc. Aquí no tienes nada que hacer.
- ¡Por favor, Charlotte, no me hagas esto! Elisabeth no ha sido nada para mí, mientras estaba con ella no podía dejar de pensar en ti. Te lo suplico, por favor, perdóname. -me cogió del brazo y cayó de rodillas al suelo mientras se echaba a llorar. Me conmovía el verlo sufrir así, pero yo lo había pasado muy mal, no iba a caer de nuevo en sus brazos sólo porque él apareciese así en mi vida de nuevo, diciéndome cuanto me había extrañado.
- Lo siento Marc, pero como te he dicho, no tienes nada que hacer aquí. Será mejor que te vayas.
El me miró, con sus ojos bañados en lágrimas. Tenía tantas ganas de abrazarlo, besarlo… pero no, nunca había sentido tanto dolor como cuando él me abandonó y aunque sabía que nunca amaría a nadie como a él, prefería estar sola a pasarme la vida pensando que me volvería a hacer lo mismo en cualquier momento.
Me mostré fría y distante para que entendiese que mis palabras iban en serio. Él se levantó, resignado, pero sin dejar de llorar, y se marchó. Yo me asomé por la puerta para verlo marcharse, pero él se giró de nuevo y me miró destrozado.
- Conseguiré que me perdones, Charlotte, aunque sea lo último que haga en esta vida. Sé que aún me quieres, lo noto en los latidos de tu corazón cuando me acerco a ti. Es como música para mis oídos. No cesaré en mi empeño hasta que vuelvas a ser mía y yo tuyo. Nadie podrá separarnos de nuevo. Te juro que lo haré Charlotte. Nadie me hace sentir como tú…
Me miró durante unos momentos más mientras yo me perdía en sus palabras. Reflejaban un dolor inmenso, casi tan mayor como el mío, y aunque no quería dejarlo ir, era lo mejor para los dos. Algún día se cansaría y me dejaría en paz. Ya estaba resignada…
- No quiero volver a verte, Marc. Será mejor que no te acerques de nuevo a mí. No quiero saber nada que tenga que ver contigo. Por eso me vine a España, para dejar todo lo que me recordase a ti atrás. Quiero que me dejes en paz.
Marc soltó un gritito desgarrador mientras comenzaba a sollozar, esta vez más fuerte. A mí cada vez me producía más dolor verlo así, pero no podía echarme atrás.
- Adiós, Marc… -fueron mis últimas palabras antes de cerrar la puerta, dejando al amor de mi vida al otro lado.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Capítulo 14: EL FINAL
Los días pasaban lentamente. En la escuela siempre iba con Marc, mientras que Emma siempre iba con Peter. Ambas nos habíamos distanciado bastante por culpa de los chicos. Alguna vez hablábamos, pero eran pocas las ocasiones en las que nos encontrábamos solas, y la verdad es que nuestras conversaciones estaban muy tensas. Yo me sentía muy mal por toda esta situación, pero no le veía arreglo de ningún modo. Marc y Peter no podían estar juntos. Punto final. Y con ello, hacían que Emma y yo tampoco lo estuviésemos. La echaba mucho de menos… A pesar de todo era mi amiga. No hacía más que recordar los primeros días de clase, cuando todavía no sabíamos nada de los chicos, a todos los sitios que fuimos juntos. Pero ya se acabó…
Marc me notaba decaída, y no hacía más que preguntarme que qué me pasaba. Yo no quería hacerle sentir mal, así que le dije que andaba estresada por las evaluaciones. No me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Pronto sería mi cumpleaños. Por fin sería mayor de edad. Podría irme de casa, aunque ya no tuviera motivos para hacerlo. No me quedaba nada en España. Apenas recibía algún mail de mis amigas, ellas habían rehecho su vida sin mí. Era algo normal, no podía reprocharles nada. Y yo no estaba tan mal aquí, por lo menos mientras tuviese a Marc a mi lado. Él era muy dulce y amable, y estaba siempre muy atento a mis necesidades. Se alimentaba de la sangre de animales, porque no quería dañar a nadie, no quería tener que salir huyendo si descubrieran lo que es, así que lo camuflaba del mejor modo posible.
Por fin llegó el gran día. Era mi cumpleaños, y mis abuelos me regalaron un portátil pequeño, un netbook, para poder llevar todas mis tareas al día, y también para que lo llevase siempre encima. Estaba muy emocionada, siempre había querido tener uno. Cuando Marc vino para acompañarme a la escuela, se lo enseñé. Nos hicimos una foto con la WebCam y salimos rumbo al instituto antes de que se nos hiciera tarde. Decidimos atajar por el bosque para llegar antes, porque nos habíamos retrasado un poco y sino no llegaríamos a tiempo. Íbamos hablando tranquilamente cogidos de la mano, cuando una mujer, de una belleza inmensa, nos cortó el paso.
- Vaya, vaya, vaya… ¿qué es lo que tenemos aquí? Mira quién se ha convertido en todo un hombrecito -su voz sonaba muy dulce, era como música para mis oídos. Pero observé como miraba a Marc. Y entonces caí en que el la miraba de una manera muy extraña.
- ¿Os conocéis? -pregunté con duda. Quería saber quién era esa chica, y porque miraba así a mi chico.
- No sé si me recordará… Pero yo he pensado en él cada día, desde hace un par de meses. No consigo sacármelo de la cabeza, así que he decidido venir a ver qué tal estaba mi obra…
- ¿Tu obra? -dijimos Marc y yo a la vez. Ambos nos miramos. Estábamos igual de sorprendidos.
- ¿No me reconoces cariño? -dijo la chica, hablando de nuevo- Yo soy algo así como tu madre en esta nueva vida. -la cara de Marc se ensombreció de odio al entender el significado de sus palabras - Pero no me gustaría que me dijeses mami. Preferiría ser algo así como… tu compañera.
Vi como Marc me miraba, con una mirada perdida, sus ojos me decían que entendía lo que la chica le decía y yo me di cuenta, al ver como le miraba como si fuera su tesoro, me quería quitar a Marc de mi lado, lo sabia y lo peor de todo, no podía competir contra su excelente y exquisita belleza.
-Marc creo que deberíamos de irnos, llegaremos tarde a clase- dije con la voz temblorosa.
-Charlotte vete tu a clase no quiero que faltes yo no tardare en alcanzarte- dijo soltando nuestras manos entrelazadas- creo que debo hablar con ella.
Él quería hablar con ella, eso hizo que me sintiera mal, ella le convencería de que se fuera con ella, ahora Marc pertenecía a ese nuevo mundo y yo a su anterior mundo, yo no podía darle nada en comparación con aquella chica; empecé a caminar hacia el instituto dejándole atrás dentro del bosque con aquella vampira. Llegue a clase tarde, me tocaba biología, ese día me sentía sola sin Marc a mi lado, compartíamos casi todas nuestras clases, me senté en una mesa sola en la cafetería, Marc no aparecía y eso me empezaba a preocupar demasiado, no estaba siendo mi mejor cumpleaños, mi novio no estaba y no podía juntarme con mi mejor amiga por la enemistad de nuestras parejas, eso hizo que mis ojos se llenaran de lagrimas empezando a caer en silencio, agache la cabeza intentando disimular mi llanto para que nadie se diera cuenta.
Acabaron las clases y Marc seguía sin aparecer, nada mas salir le llame al móvil, no me lo cogio, llegue a casa y le llame a casa donde me atendió su madre, diciéndome que no se encontraba en casa.
Así pasaron las semanas, sin saber nada de Marc y cada vez sintiendo mas soledad dentro de mi, sin Emma no era lo mismo ahora que ya no tenia a Marc a mi lado me daba mas cuenta de la gran perdida; todos me abandonaban, mis padres, mis amigas de España e incluso mi nuevo amiga de Windsor. Pensé en irme a España pero no me apetecía dejar el curso a medias y tener que repetirle en España por lo que me espere a finalizar los estudios y hable con mis abuelos de mi marcha hacia España, mis abuelos no estuvieron demasiado de acuerdo pero no pudieron impedírmelo al ser ya mayor de edad, y allí me vi montada en el avión hacia mi antigua vida, dejando atrás la nueva que había vivido en estos últimos meses.
Marc me notaba decaída, y no hacía más que preguntarme que qué me pasaba. Yo no quería hacerle sentir mal, así que le dije que andaba estresada por las evaluaciones. No me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Pronto sería mi cumpleaños. Por fin sería mayor de edad. Podría irme de casa, aunque ya no tuviera motivos para hacerlo. No me quedaba nada en España. Apenas recibía algún mail de mis amigas, ellas habían rehecho su vida sin mí. Era algo normal, no podía reprocharles nada. Y yo no estaba tan mal aquí, por lo menos mientras tuviese a Marc a mi lado. Él era muy dulce y amable, y estaba siempre muy atento a mis necesidades. Se alimentaba de la sangre de animales, porque no quería dañar a nadie, no quería tener que salir huyendo si descubrieran lo que es, así que lo camuflaba del mejor modo posible.
Por fin llegó el gran día. Era mi cumpleaños, y mis abuelos me regalaron un portátil pequeño, un netbook, para poder llevar todas mis tareas al día, y también para que lo llevase siempre encima. Estaba muy emocionada, siempre había querido tener uno. Cuando Marc vino para acompañarme a la escuela, se lo enseñé. Nos hicimos una foto con la WebCam y salimos rumbo al instituto antes de que se nos hiciera tarde. Decidimos atajar por el bosque para llegar antes, porque nos habíamos retrasado un poco y sino no llegaríamos a tiempo. Íbamos hablando tranquilamente cogidos de la mano, cuando una mujer, de una belleza inmensa, nos cortó el paso.
- Vaya, vaya, vaya… ¿qué es lo que tenemos aquí? Mira quién se ha convertido en todo un hombrecito -su voz sonaba muy dulce, era como música para mis oídos. Pero observé como miraba a Marc. Y entonces caí en que el la miraba de una manera muy extraña.
- ¿Os conocéis? -pregunté con duda. Quería saber quién era esa chica, y porque miraba así a mi chico.
- No sé si me recordará… Pero yo he pensado en él cada día, desde hace un par de meses. No consigo sacármelo de la cabeza, así que he decidido venir a ver qué tal estaba mi obra…
- ¿Tu obra? -dijimos Marc y yo a la vez. Ambos nos miramos. Estábamos igual de sorprendidos.
- ¿No me reconoces cariño? -dijo la chica, hablando de nuevo- Yo soy algo así como tu madre en esta nueva vida. -la cara de Marc se ensombreció de odio al entender el significado de sus palabras - Pero no me gustaría que me dijeses mami. Preferiría ser algo así como… tu compañera.
Vi como Marc me miraba, con una mirada perdida, sus ojos me decían que entendía lo que la chica le decía y yo me di cuenta, al ver como le miraba como si fuera su tesoro, me quería quitar a Marc de mi lado, lo sabia y lo peor de todo, no podía competir contra su excelente y exquisita belleza.
-Marc creo que deberíamos de irnos, llegaremos tarde a clase- dije con la voz temblorosa.
-Charlotte vete tu a clase no quiero que faltes yo no tardare en alcanzarte- dijo soltando nuestras manos entrelazadas- creo que debo hablar con ella.
Él quería hablar con ella, eso hizo que me sintiera mal, ella le convencería de que se fuera con ella, ahora Marc pertenecía a ese nuevo mundo y yo a su anterior mundo, yo no podía darle nada en comparación con aquella chica; empecé a caminar hacia el instituto dejándole atrás dentro del bosque con aquella vampira. Llegue a clase tarde, me tocaba biología, ese día me sentía sola sin Marc a mi lado, compartíamos casi todas nuestras clases, me senté en una mesa sola en la cafetería, Marc no aparecía y eso me empezaba a preocupar demasiado, no estaba siendo mi mejor cumpleaños, mi novio no estaba y no podía juntarme con mi mejor amiga por la enemistad de nuestras parejas, eso hizo que mis ojos se llenaran de lagrimas empezando a caer en silencio, agache la cabeza intentando disimular mi llanto para que nadie se diera cuenta.
Acabaron las clases y Marc seguía sin aparecer, nada mas salir le llame al móvil, no me lo cogio, llegue a casa y le llame a casa donde me atendió su madre, diciéndome que no se encontraba en casa.
Así pasaron las semanas, sin saber nada de Marc y cada vez sintiendo mas soledad dentro de mi, sin Emma no era lo mismo ahora que ya no tenia a Marc a mi lado me daba mas cuenta de la gran perdida; todos me abandonaban, mis padres, mis amigas de España e incluso mi nuevo amiga de Windsor. Pensé en irme a España pero no me apetecía dejar el curso a medias y tener que repetirle en España por lo que me espere a finalizar los estudios y hable con mis abuelos de mi marcha hacia España, mis abuelos no estuvieron demasiado de acuerdo pero no pudieron impedírmelo al ser ya mayor de edad, y allí me vi montada en el avión hacia mi antigua vida, dejando atrás la nueva que había vivido en estos últimos meses.
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